Mostrando entradas con la etiqueta Juicios Sobre La Realidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juicios Sobre La Realidad. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de junio de 2008

EL FRENO A UN PODER SIN RAZONES ES UN PUEBLO EDUCADO EN LA CONSTRUCTIVIDAD SOCIAL

EL FRENO A UN PODER SIN RAZONES ES UN PUEBLO EDUCADO EN LA CONSTRUCTIVIDAD SOCIAL

Decía el padre Luigi Giussani que las pruebas y dificultades que aparecen en la realidad histórica
revelan qué es lo que verdaderamente sostenemos como importante, justo y verdadero. Por lo
tanto, revelan nuestro verdadero interés supremo.

A esta altura del largo y casi incomprensible conflicto (por injustificado y evitable) iniciado entre el
gobierno nacional y los sectores agropecuarios, que ya engloba a transportistas, industrias,
comercio, administraciones locales, dirigentes de todo tipo y ciudadanos de a pie, preocupa la
concepción y praxis de la función pública confiada por el voto popular que revela el gobierno.
Junto con los Obispos argentinos, sostenemos que un retorno sin vueltas a las instituciones de la
República, tanto en el gobierno nacional en sus tres poderes como en el fortalecimiento de los
gobiernos federales, es el camino posible y urgente de solución, mediante el debate, el diálogo y el
compromiso común, recuperando la representatividad para superar este estado de asamblea
permanente. La tarea insustituible de la promoción y custodia del bien común no puede ser dejada
de lado por las autoridades para abocarse en una demostración de fuerzas con importantes
sectores de la sociedad argentina.

Sin embargo, el camino emprendido por el gobierno ha sido el de dar saltos hacia adelante sin
enfrentar la realidad del presente. Así, los anuncios aparecen en forma unilateral, sectorizados,
como propaganda política que gira alrededor pero nunca tocan el punto de debate central.
Pero en esta fuga utópica que no ayuda a resolver las causas del conflicto, las señales de la
característica esencial del gobierno son cada vez más evidentes:
 Se ha transformado de gobierno nacional en gobierno de facción, de partido. En efecto, las
aseveraciones oficiales de los últimos días han sido primero declaradas por el partido
justicialista, transformado de hecho en el vocero del gobierno, utilizando a ministros y
gobernadores afines como propaladores principales.
 Intenta reemplazar al bien común por un proyecto impuesto desde el Estado. La legitimidad
del ejercicio del gobierno no incluye que la sociedad toda deba acatar proyectos que atenten
contra la sana, libre y solidaria construcción social. Es la sociedad, no el gobierno del Estado,
la que construye el bien común. La tarea de la función pública es favorecer, custodiar y
orientar esta construcción, no sustituirla; interviniendo con acciones estratégicas que los
organismos y grupos sociales no puedan proveerse por sí mismos .
 Se desconoce cualquier razonabilidad o justicia en reclamos, opiniones o llamados a la
revisión de lo actuado, descalificando al interlocutor pero sin atreverse a confrontar la verdad
de los mismos (como sucedió con el defensor del pueblo, los obispos, algunos dirigentes y
ciertos funcionarios provinciales).
 Sobre todo, ha faltado a una principalísima tarea de los gobernantes: buscar la pacificación
social. En cambio, ha insistido en ahondar las diferencias y ha colocado a todo aquel que no
se pliegue al proyecto oficial en la vereda de los enemigos del pueblo, exacerbando el
conflicto en una espiral preocupante, tratando de imponer la concepción de que el Estado es
el pueblo, el gobierno es el Estado y el partido es el gobierno, es decir, el partido es el
pueblo.
En este tiempo de confusión, es necesario mirar aquellos lugares donde el pueblo es educado en
una pasión por la verdad en libertad, solidario con todo aquel que encontremos en el camino.
Lugares, que teniendo como principal interés la persona concreta, permiten sostener esta
esperanza de edificar una casa más habitable para el hombre, libre, constructor inclaudicable, en
busca de su destino. Necesitamos un Estado que favorezca y reconozca la dignidad de todos los
ciudadanos, que no intente suplantarlos en el ejercicio de su libertad creativa.

COMUNIÓN Y LIBERACIÓN – Junio 2008

Jorge
Ciudad  Autonoma de Buenos Aires
A R G E N T I N A

lunes, 9 de junio de 2008

HOY LO QUE ESTA EN RIESGO ES EL RECONOCIMIENTO DE LA LIBERTAD DE CADA UNO Y DE LA DIGNIDAD DE LA SOCIEDAD CIVIL.

ANTE LA ACTUALIDAD DE LA SITUACION NACIONAL Mayo de 2008

HOY LO QUE ESTA EN RIESGO ES EL RECONOCIMIENTO DE LA LIBERTAD DE CADA
UNO Y DE LA DIGNIDAD DE LA SOCIEDAD CIVIL.

La consideración de la actual situación política nacional argentina, dominada estos días
por el escenario de conflicto planteado entre el gobierno y el sector de productores agropecuarios,
hace indispensable advertir sobre el verdadero riesgo al cual cada uno de nosotros y la sociedad
civil se enfrenta:

a) Hombres libres que exigen libertad.
Somos hombres y mujeres libres. Y esta libertad no es una dádiva o concesión del poder
estatal -ni del de turno ni de ningún otro, precedente o siguiente a éste-. La libertad es constitutiva
de cada persona y es por ello anterior a la propia conformación del Estado y no depende de éste.
Tiene su origen en la relación irreducible de cada uno con Dios, situación estructural e inconmovible
que otorga a cada persona su valor existencial único y sostiene contra cualquier embate la dignidad
del hombre concreto y de los pueblos.
Pero la libertad que nos constituye, además de ser conciencia de límite y
responsabilidad, quiere decir ímpetu creador, es decir, la energía y el valor de personas que ponen
en juego su creatividad y con ella llevan a cabo tanto emprendimientos económicos generadores de
riqueza -tal el caso de los productores agropecuarios- como iniciativas sociales, en un intento de
responder a las necesidades propias y de aquellos con los que viven. La libertad no es ausencia de
vínculos sino, por el contrario, capacidad de relación -de cada hombre y desde la identidad a la que
pertenece- con todos y con todo, también con el Estado.
Es aquí donde resulta necesario indicar al poder del Estado el horizonte último de su
actividad y expresar que es nuestro interés que ese rol sea cumplido de forma efectiva, ya que no es
otro que favorecer la libertad expresiva y asociativa, asegurando el espacio para que cada hombre
pueda recorrer su camino, afrontar sus problemas y buscar las respuestas que hagan más humana
y digna su vida. Un Estado que -de acuerdo al principio de subsidiariedad-, complete y apoye las
iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y eventualmente se ocupe de aquellas
cuestiones esenciales para la vida de la sociedad que el hombre con su creatividad no pueda
desarrollar. Esta es nuestra original y permanente exigencia de libertad y por ello el único modo de
que el poder estatal no se extralimite es la colaboradora vigilancia del pueblo.

b) Una política malvada: Cuando el ejercicio del poder del Estado no se interesa por el
hombre concreto.

El ejercicio del poder estatal por parte del actual gobierno nacional revela una ausencia
de interés real por el hombre concreto y sus iniciativas, ya que en sus acciones y omisiones
desconoce el valor inalienable que las personas tienen en sí mismas y la utilidad de sus esfuerzos,
pretendiendo convencer a todos de que la prosperidad del pueblo surge solamente desde los
poderes absolutos del estado.
Se declama desde sus atriles una libertad colectiva "para todo el pueblo", pero sin
asegurar sus beneficios para cada persona, en una evidente restricción de las libertades
individuales que va a contramano de las propias garantías establecidas por la Constitución
Nacional. La mayor tentación de quienes detentan el poder es hacer del pueblo un rebaño.
No se trata solo de una administración estatal que codicia los ingresos del sector
agroindustrial. Se trata de la propuesta del gobierno nacional acerca de cual será la futura forma de
vivir de los argentinos, con un poder cada vez más centralizado que no admite críticas y
acostumbra descalificar -en ocasiones hasta en grado de enemigo- a quienes manifiesten
desacuerdo con sus decisiones, la mayoría de las cuales han sido deliberadamente sustraídas del
esperable y sano debate parlamentario previo.
Grave omisión -de riesgo institucional para la vida del país- ha sido la de los legisladores
que delegaron sus poderes constitucionales para que el Poder Ejecutivo, sin consultar ni escuchar
a nadie, decidiera en soledad la imposición de medidas fiscales de avance peligrosamente
confiscatorio sobre la producción de bienes y servicios, la renta y el salario real.
Advertimos con preocupación que en el máximo nivel de la estructura de gobierno se
alientan políticas que pretenden -falsamente- colocar a la intervención estatal como factor
excluyente de generación de prosperidad y solución de necesidades a través del poder discrecional
de otorgamiento de subsidios, una especie de "estado fuerte y salvador" que, en los hechos,
evidencia un arbitrario menosprecio por el esfuerzo cotidiano de los verdaderos generadores de la
riqueza y bienestar del pueblo: los ciudadanos que trabajan, los empresarios que arriesgan su
patrimonio en un emprendimiento, aquellos particulares que ponen de pie una obra para atender
las carencias de otros.
Surgen del poder central signos cada vez más frecuentes de desconocimiento efectivo
del control de poderes republicano, como cuando se ignoran las decisiones de un Poder Judicial
libre e independiente que debe asumir con eficacia el carácter de guardián del estado de derecho.
Con ello se habilita y legitima un nefasto fetichismo que idealiza la concentración del poder como
medio para la eficacia en el gobierno, avanzando así caprichosa y temerariamente sobre la libertad
y el patrimonio de todos los argentinos trabajadores.
El poder estatal del gobierno nacional se manifiesta así como imposición de una
determinada política -en su contenido y forma- y no como servicio al pueblo y defensa de sus libres
iniciativas. Una política así, que además se sostiene en la constante y artificial división entre
amigos y enemigos propensa a la generación de odios y violencias, solo tiene como objetivo "tener
éxito" en la afirmación y conservación de su poder y es contraria al bien común. Es, por tanto, una
política malvada. Y esto es necesario afirmarlo ante todo para nosotros mismos, decírselo a
nuestros hijos y gritárselo a nuestros amigos, como nos lo ha advertido ya Luigi Giussani
("El yo, el poder, las obras", Ed. Encuentro, pág. 112).
Se trata en definitiva, de una concepción que pone en riesgo la libertad del hombre en
cuanto ímpetu creador y constructivo, a la vez que vehiculiza un severo ataque a la
institucionalidad de la República, habilitando inclusive la intervención de expresiones para-estatales
para sofocar eventuales manifestaciones de disenso. Así se establece y justifica la supremacía
sofocante del estado que destruye la trama social. Por esto la rechazamos.

c) El camino: Educar, educar, educar.
A la política no le pedimos la salvación. No es de ella de quien la esperamos, para
nosotros y para los demás.
"Estamos llamados a defender lo humano que hay tanto en nosotros como en nuestros
amigos, o en las personas más extrañas y lejanas. A esta tarea no nos llama una justicia
cualquiera, sino la Justicia, Dios hecho hombre: Cristo. Hay un factor pedagógico que desarrolla la
responsabilidad de esta tarea y le da consistencia y duración frente al poder: estar pegados a los
rostros que más nos provocan, es decir, a la compañía" (Luigi Giussani, Op. Cit. Pág 40).
La victoria del poder es aparente y efímera. Pero solo si no cedemos ante ella, haremos
que nuestra vida esté en función de lo verdadero y justo, aún a través de nuestros límites y
comenzando siempre de nuevo.
Solo personas educadas en la libertad pueden vencer el embate de una lógica de poder
que no tiene verdadero interés por el hombre. Esta es la tarea en la que nos acompañamos.-

Compañia de Las Obras (CdO)
A R G E N T I N A

viernes, 6 de junio de 2008

LA NACION REQUIERE GESTOS DE GRANDEZA

LA NACION REQUIERE GESTOS DE GRANDEZA

http://www.cea.org.ar

1. La Comisión Permanente del Episcopado Argentino se ha reunido con motivo de la grave situación planteada por el prolongado conflicto entre el sector agropecuario y el Gobierno Nacional. Deseamos, con nuestra palabra y nuestra acción pastoral contribuir al fortalecimiento de la paz social y de la democracia.
Nos sentimos obligados a preguntarnos nuevamente, y con dolor: ¿nuestras relaciones seguirán marcadas por la confrontación? ¿Una vez más nuestra vida social estará signada por la fragmentación y el enfrentamiento? ¿Seremos incapaces de fundamentar nuestros vínculos en un diálogo sincero y constructivo? ¿No hemos aprendido nada de nuestra historia?
2. Es preciso que tomemos conciencia de que situaciones como ésta que vivimos nos menoscaban como comunidad, nos aíslan del mundo y en definitiva perjudican especialmente a los más pobres. Es más, este conflicto ha puesto de manifiesto falencias profundas de nuestra vida republicana. La persistencia misma del conflicto y la aparente imposibilidad de resolverlo constituyen un signo de debilidad institucional; son una prueba del escaso aprecio que, como sociedad, otorgamos a la importancia y dignidad de la acción política como el ámbito propio para la superación de las diferencias y el afianzamiento de la amistad social.
3. Consideramos que la solución sólo puede encaminarse mediante gestos de grandeza y una vigencia aún más plena de las instituciones de la República. Como ya hemos señalado, “tenemos que promover el verdadero federalismo, que supone el fortalecimiento institucional de las provincias, con su necesaria y justa autonomía respecto del poder central” (93º Asamblea Plenaria).
No es propio de los poderes públicos empeñarse como parte en los conflictos, sino abocarse a su solución como principales responsables del bien común de acuerdo a las funciones que a cada uno de ellos les atribuye la Constitución Nacional. La efectiva independencia de los poderes legislativo y judicial es un punto clave de la plena vigencia del estado de derecho.
4. Como nos recuerda la Doctrina Social de la Iglesia: “Quienes tienen responsabilidades políticas no deben olvidar o subestimar la dimensión moral de la representación que consiste en el compromiso de compartir el destino del pueblo y en buscar soluciones a los problemas sociales. En esta perspectiva una autoridad responsable significa también una autoridad ejercida mediante el recurso a las virtudes que favorecen la práctica del poder con espíritu de servicio: paciencia, modestia, moderación, caridad, generosidad” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 410).
5. Por otra parte, aunque hubieran reclamos justos, no es en las calles ni en las rutas donde solucionaremos nuestros problemas. Pedimos, por ello, encarecidamente al Gobierno de la Nación que convoque con urgencia a un diálogo transparente y constructivo, y a los sectores en conflicto que revean las estrategias de reclamo. Ni la moderación en las demandas, ni la magnanimidad en el ejercicio del poder son signos de debilidad.
6. Es necesario que los habitantes de esta tierra bendecida abundantemente por la Providencia hagamos un profundo examen de conciencia y nos decidamos a obrar como ciudadanos responsables. Pensemos más en qué podemos aportar a la Patria y no tanto en qué tiene que darnos el país. Todavía son muchos los hermanos que viven en pobreza y exclusión y que esperan de todos los argentinos un compromiso firme y perseverante por la justicia y la solidaridad.
7. En los momentos difíciles los cristianos experimentamos más intensamente la necesidad de la oración, de decirle a Jesucristo, Señor de la Historia: “Precisamos tu alivio y fortaleza, queremos ser Nación”. Para lograrlo, “concédenos la sabiduría del diálogo y la alegría de la esperanza que no defrauda”.
Exhortamos a nuestros compatriotas a acompañar la oración con un gesto de desprendimiento en favor de nuestros hermanos más necesitados.
Ponemos este mensaje en las manos y en el corazón de nuestra Madre de Luján, pidiéndole que una vez más interceda por nosotros y acompañe el camino de las autoridades, de los dirigentes de los diversos sectores y de todo el pueblo argentino.


Reunión Extraordinaria de la Comisión Permanente
5 de junio de 2008

sábado, 5 de abril de 2008

La fuerza que cambia la historia es la misma fuerza que cambia el corazón del hombre

Algo paso...
despues de aquel diciembre del 2001, ahora, en marzo del 2008, algo paso.
algo que veremos en el futuro que significado tendra, pero quee es una llamada de atencion, a todos... por eso me parecio comensar este blog con lo siguiente:

La fuerza que cambia la historia es la misma fuerza que cambia el corazón del hombre

La situación de desencuentro y enfrentamiento que estamos atravesando en nuestro país es, ante todo, una circunstancia que nos reclama a una mayor y más profunda comprensión de la realidad; permite verificar qué es lo que más ama y defiende cada uno y es útil también para poner en evidencia cuáles son las posturas más favorables para la construcción y el desarrollo humanos.

Las medidas inconsultas y cuanto menos irreflexivas que el gobierno del estado ha decretado, de grave impacto sobre los productores agrícolas en forma directa, pero extensivas al desarrollo de vastas regiones del país, han desatado una reacción profunda de los sectores productivos primarios y de los habitantes de numerosas ciudades y pueblos, síntoma de las exigencias constitutivas –de constructividad, de libertad, de verdad- que todos los hombres tenemos en común.

El camino y el discurso del gobierno en estos días se han apoyado en declaraciones y provocaciones muchas veces lejanas de la verdad, propagadoras artificiales de confrontación y gestos violentos más o menos explícitos entre argentinos, de división entre grandes y pequeños, entre ricos y menos ricos.

Ahora que, en apariencia, los actores principales del conflicto se sientan a dialogar para encontrar soluciones superadoras, se evidencian posiciones que de hecho conspiran contra la fecundidad del mismo diálogo. Porque el diálogo es fructífero cuando se reconoce recíprocamente en los interlocutores una dignidad civil, social y política, como presencia útil en la comunidad.
Aún en la mesa del diálogo, el gobierno rehúye este deber, que en los hechos tendría que traducirse en una reformulación profunda de las políticas y medidas aplicadas al sector, superando el cálculo y la defensa de posiciones e intereses, buscando junto con los protagonistas reales de dichas políticas, los pasos más adecuados para la construcción y defensa del bien común y personal de los argentinos.

El primer hecho capaz de cambiar y encauzar esta situación, para el gobierno, los productores y para cada uno de nosotros, es aquel que nos cambia a nosotros mismos: encontrarnos con una persona que nos toma en serio, hasta lo profundo de lo que el corazón humano exige. Es el camino que Cristo ha hecho con el hombre, con nosotros.

Por eso es imprescindible que no reduzcamos estas exigencias. Es el momento propicio para que el poder político reconozca y no sustituya, en los hechos, la dignidad de la sociedad civil y de sus organizaciones, promoviendo y protegiendo el bien y la libertad de todos; ayudando, favoreciendo y orientando la construcción de una sociedad más habitable para la persona. Esta es la tarea de un gobierno; de hecho, la más importante.
Hay un lugar, para aquellos que no quieren ver, donde "No Ver" es perder de vista acontecimientos que nunca mas se volveran a repetir. "Yo no estaba, y si estaba, dormia...","...Ese viejo verso de aquellos que nunca se metieron en nada...."